La mora de las familias en el sistema financiero alcanzó el 12,1% en abril de 2026, según datos del sector bancario, frente al 3,7% registrado en el mismo mes del año anterior. El dato representa el decimosexto incremento mensual consecutivo en los índices de irregularidad crediticia y constituye un máximo histórico para ese segmento.
Por tipo de producto, los préstamos personales encabezan el nivel de incumplimiento con un 14,9%, seguidos por las tarjetas de crédito con 12,5%. Los créditos hipotecarios, históricamente el segmento de menor morosidad, registran ya un 1,5% de irregularidad en ascenso. En el sector corporativo, la mora escaló del 0,9% al 3,3% en el mismo período interanual, acumulando doce meses de incremento sostenido.
Consumo y recaudación
Los datos de recaudación de mayo reflejan la misma tendencia. El IVA cayó un 6,9% en términos reales interanuales, y el impuesto a los débitos y créditos bancarios retrocedió un 3,6% en igual medición. Ambos tributos están directamente vinculados al volumen de transacciones internas.
La recaudación total mostró una mejora real del 1,8% en mayo, cortando una racha de seis meses de caída. Sin embargo, ese resultado se explica por un incremento extraordinario en el Impuesto a las Ganancias asociado a la liquidación de un sector específico, no por una recuperación generalizada de la base imponible.
En el comercio minorista, los supermercados registraron en abril un leve repunte intermensual del 0,8%, mientras que los autoservicios y los centros comerciales cayeron un 1,1% y un 0,8%, respectivamente, respecto al mes anterior. En la comparación interanual, los tres canales exhiben descensos reales: supermercados -3,3%, autoservicios -3,2% y shoppings -5,7%.
Balanza comercial y producción industrial
En el frente externo, la balanza comercial de bienes arrojó un superávit de 3.504 millones de dólares. Las importaciones totales cayeron un 7% interanual. Sin embargo, al desagregar esa cifra, las importaciones de insumos productivos —sin contar energía— se redujeron un 20% respecto a 2023, mientras que las de bienes de consumo final crecieron un 70%.
Esa composición indica que la industria local demanda menos insumos para producir, en tanto crece la oferta de productos importados terminados. La combinación de menor demanda interna, tipo de cambio que encarece la producción doméstica en dólares y mayor competencia de bienes extranjeros presiona la capacidad instalada del sector manufacturero.
En el mercado laboral, los datos disponibles señalan una pérdida de puestos asalariados formales, parcialmente compensada por un incremento en el autoempleo. El salario real continúa por debajo de los niveles previos al proceso de ajuste en curso.
Contexto del programa económico
El escenario combina indicadores externos que muestran estabilización —reservas, tipo de cambio, superávit comercial— con señales de contracción en el mercado interno. El gobierno viene sosteniendo una estrategia de reorientación productiva hacia sectores exportadores como energía, minería y agroindustria.
La velocidad a la que se destruyen empleos y capacidad instalada en la industria tradicional, en relación con el ritmo al que los sectores emergentes generan nuevos puestos, es uno de los interrogantes centrales que los próximos datos trimestrales deberán despejar.
